El
resultado final de un postre depende en buena medida de los utensilios que se
empleen en su elaboración. Asegúrese de que no le falta ninguno de los
siguientes:
MEDIDIOR Y BASCULA: Son indispensables, pues únicamente respetando
las dosis prescritas en las recetas se puede obtener un buen resultado.
CUENCOS: Se necesitan varios, de distintos tamaños (cuenco
o bol) y con un fondo cóncavo, para poder trabajar distintas preparaciones a la
vez, como la masa y las yemas de huevo. Por lo general, estos recipientes
tienen el culo plano. Para evitar que el bol se mueva al mezclar. Los
recipientes esmaltados y los de plástico son poco recomendábles porque se
pueden desconchar los primeros y, con el tiempo, pueden absorber olores los
segundos.
PALILLOS DE MADERA: Sirven para comprobar el grado de
cocción de los postres; si al pinchar con uno de ellos el centro del dulce sale
limpio y seco , es que ya está listo.
TAMICES Y COLADORES: Muy útiles para las masas que llevan harina, azúcar o cacao así como para espolvorear el azúcar glas.
MANGA PASTELERA: Fundamental para realizar una
decoración digna de un pastelero profesional.
PINCELES: Resultan útiles a la hora de extender las cremas y
untar el fondo de moldes y bandejas.
EXPRIMIDOR: Con él se obtiene el zumo de la fruta.
MOLDES DE REPOSTERÍA: Los moldes que nunca
han de faltar son: un molde para tartas mediano (de 24 a 26 cm de diámetro) y
desmontable, es decir, con bisagra en el lateral; un molde con la superficie
ondulada ( de 28 a 30 cm de diámetro); un molde tipo savarín, para roscas, con
la parte central elevada; un molde para flan y otro rectangular de tipo
plumcake. En cuanto a galletas, para la cocción se suele utilizar la bandeja
del horno, y para darles la forma deseada, los moldes cortapastas.








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